lunes 18 de febrero de 2008

Feliz cumpleaños...

Hoy es mi cumpleaños.

Y se supone que un cumpleaños está para disfrutar, celebrarlo... Pero en este caso la celebración se verá convertida una vez más en la búsqueda del bendito olvido mediante todos los medios etílicos, químicos y fitoterapéuticos que me sea posible reunir.

Tengo demasiadas cosas que olvidar y muy pocas que celebrar. Entre estas últimas, puedo alegrarme de tener aún ganas de luchar por la libertad y la justicia. Aunque la mayoría de la gente pierde ese fuego a medida que deja atrás la adolescencia, en mi caso se va haciendo más intenso cuantos más años pasan y más maduran en mí las ideas libertarias.

Pero me gustaría olvidarme de muchas otras cosas. No sólo de las más comunes, como la explotación animal y humana, el hambre en el mundo, las desigualdades sociales, la discriminación, la opresión hacia el género femenino... Sino también de cosas en las que raramente se piensa, como la dureza de corazón de quienes conocen este tipo de situaciones y miran para otro lado sistemáticamente.

Pienso día tras día en la inmensa soledad que provoca saber que, incluso en tu entorno más cercano, parece que le estés gritando al aire cuando pretendes que miren más allá y entiendan el factor de nuestra responsabilidad ética individual en medio de este gran colectivo que es la población humana.

No sólo estoy hablando de activismo, hablo también de esas pequeñas cosas que todo el mundo puede hacer. Quizá no se tenga tiempo o energías para dedicarse a un activismo en concreto, pero siempre se puede dejar de hacer aquellas cosas que implican perjuicio para otr@s.

Sí, a veces incluso eso te lo ponen difícil, cuesta encontrar opciones libres de sufrimiento en las comidas y bebidas servidas por la hostelería, o entre algunas clases de productos en los supermercados, o ropa que no haya sido cosida en condiciones de esclavitud forzada.

Pero si realmente se tiene buen corazón, lo lógico es sentirse simplemente incapaz de llevarse a la boca algo que ha costado sufrimiento humano (como por ejemplo la Coca-Cola) o animal (cualquier comida que contenga carne, peces, huevos o lácteos), porque sabes que detrás de eso hay llanto, enfermedad, dolor, privación de libertad. Todas esas cosas se han obtenido a partir de la mayor de las tragedias: vidas individuales, con capacidad de sentir y desear, han visto cómo les eran arrebatadas sus opciones, su libertad de movimientos, su salud y finalmente sus propias vidas. Y todo esto ¿para qué? ¿Para satisfacer durante un momento el antojo de beber algo en concreto o comer una cosa con cierto sabor o textura?

Sin duda ése es el mayor de los egoísmos posibles: pasar por encima de otras vidas a sabiendas de que se hace por satisfacer un capricho o una necesidad momentánea que puede satisfacerse de otra manera.

En nuestra sociedad siempre hay alternativas. La comida de origen animal puede sustituirse fácilmente con una alimentación vegana bien planeada, que aporta todo lo necesario y puede ser incluso más variada y apetitosa de lo que nunca hayas soñado. Hay mil bebidas más aparte de la Coca-Cola, y siempre se puede conseguir alguna marca blanca en el supermercado. Mirando con un poco más de atención en la tienda, es fácil esquivar el calzado que ha implicado explotación animal (cuero) o humana (niñ@s cosiendo deportivas). La ropa puede comprarse en otras tiendas que no pertenezcan a quien fomenta condiciones laborales de pseudoesclavitud (Inditex y otras), y así con todo.

La clave está sencillamente en la actitud. Cuando se tiene un mínimo de sensibilidad, es lógico sentir un inmenso dolor ante la posibilidad de que nuestro modo de vida esté implicando sufrimientos. Sentir una urgencia inmensa por dejar de hacer daño en todo lo que esté en nuestra mano.

Siempre teniendo en cuenta que todo ese dolor que podamos sentir sólo será la milmillonésima parte del que está sintiendo ahora mismo la vaca ante el matadero o cuando le quitan a sus hij@s, del que siente ése pollo al que están cortando el pico, del que siente todo animal condenado desde el nacimiento a ser prisionero, del dolor de una persona condenada a una vida de sinsentido y 12 horas de explotación diaria sólo para poder malcomer, de la terrible agonía por ahogamiento de un pez atrapado.

Ante todo eso, realmente es una monstruosidad que haya quien elija mirar voluntariamente para otro lado. A veces es difícil mantenerse constante en un modo de vida lo más libre de sufrimiento posible. Cuesta esperar a la cena para llenarse cuando en el menú del mediodía sólo conseguiste una ensalada verde y fruta en el bar de al lado de tu curro, cuesta cambiar de refresco o de marca de tabaco, cuesta mirar tres o cuatro tiendas más en busca de unos zapatos. Pero cuando se sabe lo que hay detrás, elegir el sufrimiento por comodidad no es que cueste más: es que resulta imposible de hacer. ¿Cómo se puede dormir bien, aún poniendo excusas y justificaciones, cuando se sabe que lo que hoy se compró ha costado tantas lágrimas?

Me gustaría poder olvidar que estoy día a día viviendo entre personas que tienen este tipo de actitud. Que me muevo, trabajo, salgo de fiesta y ligo entre personas que antes están dispuestas a poner excusas que reconocer las consecuencias de sus elecciones. Nadie se libra, he encontrado esta actitud en vegan@s hacia el sufrimiento humano, en anarquistas hacia el sufrimiento animal, y en tod@s hacia aquellas injusticias que no tienen delante mismo de sus narices.

Querría poder pensar que ante ésta realidad para mí sigue siendo posible encontrar amistad y amor, pero sencillamente no lo es. Puedo luchar por fomentar sensibilidad entre éstas personas, pero no puedo mantener un contacto cercano que sea realmente sincero, en el que yo quiera y admire de verdad y sin reservas a éstas personas.

Dicen que la soledad en medio de mucha gente es la peor de las soledades, y tienen mucha razón, es muy difícil sostener siquiera una apariencia de normalidad en medio de ésta situación, cuando lo que saldría de tí es desgañitarte gritando a todas horas: ¿es que no tenéis corazón?

Feliz cumpleaños... Un año más todo sigue siendo una mierda.

domingo 17 de febrero de 2008

[Ebook] La conquista del pan - Pier Kropotkin

De todas las formas que se pueden elegir para aproximarse a los conceptos básicos del pensamiento anarquista, leer "La conquista del pan" es quizá una de las más directas y sencillas.

Este libro, a pesar de haber sido escrito hace más de un siglo, conserva hoy en día toda su fuerza vigente por la profundidad del análisis que realiza sobre las causas de las desigualdades sociales. Kropotkin expresa las conclusiones a las que ha llegado mediante una lógica aplastante, puro sentido común basado en la observación del funcionamiento del capitalismo.

Todas las dudas relativas a cómo podría organizarse la civilización humana de una forma libertaria, qué pasaría con las necesidades básicas, con las no tan básicas, con la resolución de problemas de convivencia, se resuelven en el transcurso de esta lectura.

Es cierto que muchas cosas han cambiado desde su época, lo cual no significa que las líneas principales en las que sustenta la sociedad libertaria deban ser distintas ahora; por el contrario, sigue teniendo sentido combatir la desigualdad mediante un funcionamiento asambleario, que reconozca la libertad e igualdad absoluta de tod@s, y que haga posible un mundo donde nadie tenga que someterse a explotación de ningún tipo para poder sobrevivir, donde unas pocas manos no puedan acaparar los recursos de todo un pueblo.

Ya en aquel momento Kropotkin aseguraba que los procesos necesarios para producir lo básico podían verse cubiertos con 3 o 4 horas de trabajo diario. Al nivel de desarrollo y conocimiento que tenemos hoy día, y sobretodo a medida que se desarrollasen energías limpias y renovables, sería posible obtener con esa cantidad de trabajo mucho más de lo estrictamente necesario para sobrevivir.

Y si ahora mismo no es así, no es por falta de posibilidades organizativas o tecnológicas, sino por la falta de escrúpulos de élites empresariales y políticas que protegen ante todo sus intereses y acaparan los recursos naturales, sometiendo a la mayoría de la población del planeta a una situación de chantaje social en el que, para sobrevivir, debemos consentir que nos roben nuestra fuerza de trabajo para su provecho egoísta.

Démonos cuenta de lo que ocurre realmente: ¡que no nos quiten el pan!

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jueves 14 de febrero de 2008

[Heavy Metal] Tributo a Judas Priest (2000)

Tracklist:
  1. SOBER - United
  2. BARON ROJO - You've got another thing coming
  3. NOT FOR US - Victim of changes
  4. MURO - Electric eye
  5. AVALANCH - Hell patrol
  6. PILT - Hard as iron
  7. ARMORED SAINT - Never satisfied
  8. BERRI TXARRAK - Breaking the law
  9. SARATOGA - Pain killer
  10. MARIA DEL MAL - Love bites
  11. CASKARRABIAS - Rocka rolla
  12. KTULU - The rage
  13. SU TA GAR - The sentinel
  14. HAMLET - Out in the cold
  15. SIDDE EFFECTS - Turbolovers

Un disco de Tributo a los Judas Priest que han grabado los mejores grupos del heavy metal español, y que lo tiene todo: calidad, ritmo, y hasta la típica portada heavy con dibujos abigarrados y tipografía horrorosa.

Pero, tras reponerse del susto causado por este artwork tan feo, nos encontramos un disco que merece la pena, con clásicos de la talla de Barón Rojo, que tocan un "You've got another thing coming" de sonido metal clásico y depurado, la intensa "Hell Patrol" de Avalanch, una muy fiel versión de "Painkiller" a cargo de Saratoga... Y no os perdáis la sorprendente versión acelerada de "Breaking the law" de los vascos Berri Txarrak, que es uno de los puntos fuertes de este álbum que mantiene una gran calidad general.

Si te gusta el heavy metal de toda la vida y Judas Priest, este disco es para tí.

domingo 10 de febrero de 2008

Rajoy quiere quitar a gays y lesbianas el derecho a adoptar

Mariano Rajoy, el candidato del PP en las próximas elecciones generales de marzo, ha expresado recientemente en declaraciones al diario 20 minutos que, de salir elegido, "quitaría el derecho" a la adopción que le ha sido reconocido al colectivo gay. Manifestó también no estar de acuerdo en que se llame matrimonio a la unión civil de parejas del mismo sexo.

Por mi parte con lo que no estoy de acuerdo es con la existencia en sí de un conjunto de leyes que nos digan cómo tenemos que vivir. Me da lo mismo tener "reconocido" un derecho que ya tenía, el de poder ser feliz si decidía emparejarme con una persona (¿qué pasa con otros tipos de relación? No todo el mundo es monógamo...) y que los demás sepan de la existencia de esa unión.

Pero en el contexto del mundo autoritario y controlado al límite en el que vivimos, los derechos de muchas personas se ven limitados por los papeles. Mientras esto es así, al menos me alivió saber que se nos reconocía al colectivo GLBT los mismos derechos en materia de matrimonio y adopción que al resto. Aunque sea por el agravio comparativo que existía hasta entonces.

Y ahora me horroriza pensar que el resultado de toda esa lucha está cogido con alfileres, que si por ése infraser desgraciado fuese, el mes que viene nos quedábamos tod@s otra vez en la misma situación precaria con respecto al tema de los hij@s.

Tanto que hablan los fachas de la familia, se les podía ocurrir pensar en lo que provocaría en muchas familias un retroceso así. En cientos de niñ@s que ya han sido adoptad@s o están en proceso, procedentes de uniones anteriores y que ya conviven con la nueva pareja de su progenitor/a, y que ahora se quedarán sin derechos, pudiendo, por ejemplo, ser apartad@s de su hogar si muere su progenitor/a biológico.

Pero está claro que no piensan. Lo único medianamente astuto que hacen es intentar camuflar bajo una falsa "tolerancia" sus ideas de fondo. Éste impresentable habla en sus declaraciones de respeto, dice que si su hijo fuera gay iría a la boda pero que antes le recomendaría hacerse pareja de hecho. Es decir, algo así como "sé gay si no hay mas remedio, pero firmando un papel en una ventanilla, sin armar jaleo ni que se entere la gente". Más homófobo imposible, con la crueldad de ser una homofobia más sutil y difícil de erradicar, la de "yo te respeto pero no des la nota con "lo tuyo"", que es la homofobia a la que nos vemos sometid@s aún a diario.

Todo esto me lleva a la reflexión que quiero compartir con vosotr@s, tanto el colectivo GLBT como l@s que nos apoyan: no podemos medir los avances, en este ni en ningún campo, por cuántas leyes se aprueben "a favor de nuestros derechos".

Las leyes son algo perfectamente inútil que se decreta en función de las estrategias de un grupo al que se le dió el poder para hacer lo que quisiera durante esa legislatura, no porque el contenido de esa ley exprese necesariamente el sentir de la mayoría de una población. Y son inútiles precisamente porque los intereses de los grupos de poder (partidos políticos con todo su entramado empresarial y social afín) siempre están cambiando. Una nueva llegada al poder de tendencias más conservadoras puede dar al traste con los derechos de millones de personas. Ya ha pasado otras veces en la Historia y seguirá pasando. La democracia parlamentaria ni es justa ni funciona.

En todos estos años el colectivo GLBT se ha politizado, se ha obsesionado con la corrección y presentar buena imagen para hacernos aceptables al mundo hetero. Nos hemos criticado entre nosotr@s por "alimentar estereotipos" con nuestra pluma, mostrando desprecio a nuestras "reinonas" y nuestros "manolos" por no alcanzar ese otro estereotipo de "soy gay pero no se me nota" con el que nuestra existencia se hace más aceptable (por invisible) para la gente heterosexual. Hemos vendido nuestra imagen, nuestras costumbres, al mercadeo estereotipado de "lo rosa" y nos hemos hecho "respetar" copiando la misma forma de vida capitalista, obediente al sistema, encasillada, que traía ya de serie el mundo hetero. Total, ¿para qué?

Pues para darnos cuenta, nada más y nada menos, de que mientras exista una mayoría homófoba, egoísta, o simplemente pasota, que deje el poder en manos de un número reducido de personas, todo se puede ir a la mierda con la fragilidad de un castillo de arena.

Hemos fallado desde un principio al enfocar la lucha por la vía legalista. Lo que había que haber hecho era luchar por cambiar las mentalidades, día a día, en todos los entornos, hablando y convenciendo, o, a malas, exigiendo como fuese que simplemente se nos dejase libres y en paz a tod@s. Si nos oprimen, rebelarse no es vandalismo ni utopía: es autodefensa y sentido común.